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LA RESERVA ECOLÓGICA SIGUE ACAPARANDO TITULARES

El diario Sur ha realizado un amplio reportaje sobre la reserva ecológica playas de Manilva que miles de lectores han visualizado con gran curiosidad e interés.

No es la primera vez que este enclave y las excelencias del recorrido y su entorno son admirados y propuestos.

En dicho reportaje se destaca la propia senda, las especies que la componen, las playas, la gastronomía y las actividades de ocio que se pueden llevar a cabo.

Más cerca del Peñón de Gibraltar que de la ciudad de Málaga, las playas de Manilva están protegidas en parte como una reserva ecológica. Gracias a sus valores naturales, hay una franja costera compuesta por varias calas contiguas que conforman un enclave distinto e incluso idílico para los que buscan arenales tranquilos y sosegados.

Así se puede ver entre las tres playas situadas en la parte oeste de este municipio que cuenta con ocho kilómetros de litoral. En concreto, éstas son las de Chullera, Toro y Negro, que cuentan con la mencionada declaración de reserva ecológica desde principios del año 2012 para proteger tanto su flora como su fauna. En total, entre las tres suman casi tres kilómetros y medio consecutivos, en los que aguarda un día de playa diferente.

Entre esas valiosas especies se encuentra la conocida como azucena de mar, a la que se puede ver fácilmente en los días de verano junto a los arenales gracias a su abundancia, pero también a su correcta señalización con paneles indicativos. Esta planta, que sólo produce semillas gracias a la polinización cruzada de la conocida como ‘polilla halcón’, tiene en la playa del Toro la pradera más extensa de toda la Costa del Sol. Otros atractivos naturales de esta playa son los tarajes, abundantes junto a los arroyos que allí de desembocan, y los distintos sistemas dunares que recuerdan más a la costa atlántica andaluza que a la mediterránea.

Otros carteles que se pueden ver en la zona son los que hacen referencia al paso por estas playas ecológicas de la Senda Litoral de Málaga, que cuenta aquí con uno de los tramos más interesantes y tranquilos. Un puente de madera o incluso un área de descanso con vistas privilegiadas son algunos de los alicientes para hacer este recorrido a pie o en bicicleta en verano. Eso sí, para evitar el calor y la incidencia solar lo recomendable es hacerlo a primera hora de la mañana o a última de la tarde. En esta última opción aguarda una espectacular puesta de sol.

En la parte más oriental de esta franja litoral ecológica, hay un modesto paseo marítimo, que propone un interesante recorrido en dirección oeste para ir conociendo así las calas del Toro, el Negro y Chullera. Este recorrido, que se puede hacer a pie o en bicicleta, se puede obviar si se desea ir directamente a una de las calas en concreto. Así, cada una de ellas tiene prácticamente un acceso, que, suele terminar, eso sí, en un carril de tierra.

Para ello, es fundamental acceder desde la Nacional 340 a viales como la urbanización Manilva Beach, la calle Aldea o el paseo Paraíso -de este a oeste-. En cualquier caso, habrá que utilizar la autovía en sentido este para poder desviarse a la playa, ya que no hay accesos subterráneos ni elevados para vehículos desde el otro sentido. Sin embargo, hay varias rotondas que permiten el cambio de sentido cuando sea oportuno.

Entre los restaurantes de la zona hay varios establecimientos que ofrecen la cocina típica que se puede esperar en primera línea de playa, pero también platos que satisfacen especialmente a los numerosos residentes y visitantes foráneos que hay en esta zona de Andalucía. Así, en estos chiringuitos, se pueden probar desde el típico ‘pescaíto’ frito o distintos tipos de marisco o moluscos hasta unas chuletitas de cordero o una contundente hamburguesa. Entre los chiringuitos que suelen tener siempre sus puertas abiertas en verano están de este a oeste, Manilva Beach, Mesón Montes, El Garito de Juan, Olivar’s Bar y Tubalitas. En alguno de ellos, incluso hay incluso un pequeño parque infantil para el disfrute de los más pequeños.

Estas tres playas declaradas como reserva ecológica, que alternan las arenas finas con la grava o incluso abruptos roquedales, están situadas entre dos de los vestigios históricos más importantes de Manilva. Por un lado, en el extremo más occidental aguarda la conocida como Torre Chullera, una almenara fundamental para la vigilancia de la zona en varias épocas gracias a su ubicación: muy cerca de la desembocadura del Guadiaro y con unas vistas privilegiadas del Peñón de Gibraltar.

Por otra parte, en sentido este, aguarda el conocido como Castillo de la Duquesa. Esta fortaleza fue usada hasta el XVIII como parte del sistema de vigilancia. Precisamente en ese mismo siglo, durante el reinado de Carlos III, se levantó el castillo de La Duquesa. También conocido como el Fortín de Sabinillas, por su ubicación junto a ese barrio de Manilva, está situado varios kilómetros hacia el este de la mencionada torre de Chullera. Actualmente, alberga al Museo Arqueológico Municipal.

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